Belén López, el mejor papel de su vida

Ya antes de nacer estaba peinando en la barriga de mi madre.

Cada tarde, después de volver del cole, mi parque de juegos era la peluquería. Los rulos, los peinadores, los cepillos y los secadores, mis juguetes. Mis Barbies eran de carne y hueso. Experimentaba con mis primas y mis amigas en el salón de mi madre. Me río yo de la Señorita Pepis. Las peinaba, les cortaba el pelo y les ponía mechas muy naturales para que no se dieran cuenta de lo que habíamos hecho. Incluso les ponía uñas de porcelana. Un horror teniendo en cuenta la edad 10 u 11 años.

Fui creciendo y mi madre enfoco mis aptitudes incluyéndome en la plantilla de su peluquería una vez acabados los deberes y los días de fiesta. La clientas me pedían incluso que las peinase porque les gustaba mi frescura. Mi madre, Josefina García, gran profesional de la época la cual no paraba de reciclarse, tenía que ir a hacer cursos y conocer las nuevas tendencias fuera de España (no existía ni siquiera Internet). Viajó a parís con mod´s hair, a Londres con toni&guy y siempre me llevaba con ella. Todo un lujo para mi formación como estilista.

Fueron muchos años los que trabaje junto a ella, mientras mi otra vocación gritaba dentro de mi. La peluquería fue mi primer escenario. Entre corte y corte amenizaba a las clientas, cantaba y les interpretaba las piezas teatrales que preparaba para el colegio. Así que no tuve más remedio que estudiar interpretación en el Centro Andaluz de Teatro y así fui compaginando las dos vocaciones y pasiones de mi vida: la de estilista y la de actriz, que están además muy relacionadas y se complementan perfectamente. Puedo comparar de primera mano las nuevas técnicas y tendencias. Es imposible no estar al día

Embellecer a las personas es algo que me ha dado muchísimas satisfacciones, y que me las sigue dando. Me hace muy feliz.

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